¿Cómo entré a la Fe Bahá’í?

FOTO-0001Desde muy joven leía de todo. Asistí a la iglesia Bautista de Zulueta y Dragones.Fue una maestra, Josefina Camacho, en la escuela de Inglés de Salud y Soledad en el barrio Pueblo Nuevo de La Habana, quien me introdujo a la Fe.

Ella me prestó un libro introductorio. Desde la primera lectura la Fe Bahá’í me atrajo por lo racional e inclusiva . Fue como un vaso de agua fresca después de asistir por algún tiempo a varias iglesias protestantes, cada una se consideraba la única correcta y las otras equivocadas. En las reuniones bahá’ís no había teología irracional ni énfasis en el pecado o el diablo; más bien era una invitación a la búsqueda personal, sin presiones. Dos áreas llamaron mi atención: la importancia que se daba a la razón, estableciendo que la ciencia y la religión eran como alas de un mismo pájaro, y el concepto de Revelación Progresiva: el mensaje divino, la religión, evoluciona y se adaptaba al tiempo y lugar. El mensaje religioso de hace tres mil años, por ejemplo el de Buda, tiene que ser diferente al mensaje de Jesucristo. Visto de esa forma, no hay razón para que los seguidores de una religión peleen con otra. Cada mensaje tiene una parte social que puede cambiar según el lugar y otra parte espiritual que no cambia.

Esta manera de ver las diferentes religiones da sentido a la historia. Los mensajes religiosos anteriores no se rechazan, al contrario, son una cadena que muestra el avance espiritual del ser humano. Cada mensaje está adaptado a las necesidades de tiempo y lugar. Hasta el mensaje de Jesús cobró para mí mayor importancia. No es algo aislado, limitado, sino que forma parte de un plan divino que se manifiesta en la evolución espiritual del hombre.

La historia de la Fe que comenzó en Persia en 1844 era hermosísima pero ¿sería cierto que una historia tan llena de dramatismo fuera verdad? ¿Cómo es que la gente no la conoce? Una historia así debería conocerse. Para comprobar la veracidad de esa bella historia fui a la Biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País en Carlos III. Después de buscar en varios lugares, en unos tomos (en inglés), de un tratado sobre “Religión y Ética”, estaba descrita esa historia llena de sacrificios y de heroicidad que recuerda lo que se nos dice del comienzo del cristianismo. Todo eso me recordó la novela ¿Quo Vadis? que tanto me había gustado. ¿Podría repetirse después de dos mil años la misma historia?  Sí. No había dudas, la historia se repitió.

La vida del joven Báb es la que más se parece a Jesús. A los 25 años declaró su misión y a los 31 fue fusilado en condiciones verdaderamente sorprendentes y milagrosas. El primer pelotón solamente cortó las amarras a un poste. Hubo que disparar una segunda vez. Antes de morir anunció que pronto aparecería otro mensajero más importante que él. Uno de sus discípulos, Bahá’u’lláh probó que era el nuevo mensajero anunciado por el Báb. Una vida de sacrificios y prisiones lo llevaron desterrado desde Persia hasta el Monte Carmelo en Tierra Santa en Palestina, cumpliendo así con profecías bíblicas.

En medio de toda esta búsqueda yo leía mucho. El lazo que me llevó a aceptar esta nueva revelación fue los escritos. A lo largo de mis lecturas me percaté de una cualidad especial de las mismas que no se ve ni en la literatura normal ni en la poesía que es lo más parecido. Hay un elemento de majestad, de seguridad, de belleza espiritual que es muy similar a las palabras de Jesús en los evangelios. Dos libros fueron como un imán del que no me pude escapar: Los Siete Valles, una descripción del viaje del alma en la búsqueda de Dios, y El libro de la Certeza en la que Bahá’u’lláh explica profecías y pasajes tanto de la Biblia como del Corán. Esas explicaciones son tan hermosas y a la vez tan lógicas que las explicaciones dadas por los sacerdotes y ministros se vuelven juegos de niños.

En 1953, un año después de mi encuentro con mi maestra de inglés, hice mi entrada oficial en la Fe. En la foto de arriba, tomada en 1953, aparezco sentado a un lado de la mesa.

Un dato interesante: al fondo, un poco en centro izquierda aparece Faustino Pérez quien asistía con cierta regularidad a las reuniones. Su esposa Nélida Pla está frente a él. Para aquellos que no reconocen quién fue el comandante Faustino, fue uno de los que llegaron a Cuba con Fidel en el buque Granma.

Ahí tenemos una parte de la historia.

Acerca de César

Profesor retirado de Bioquímica de la Universidad de Puerto Rico. Me encanta la ciencia, lo racional, junto con la parte llamada espiritual del ser humano. Encuentro en la Fe Bahá'í la paz y el entendimiento para la solución de muchos problemas personales y sociales. Me preocupa la situación social en general y especialmente la de Cuba.
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