“Dios todo lo puede”. Cuidado cómo y quién lo dice.

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Para todo creyente en Dios esa expresión es cierta. Si admitimos que Él es la esencia creadora, el planificador de todo este gran universo en que estamos, ¿quién va a dudar que todo lo puede? Él es el Todopoderoso. Los científicos tratan de descubrir sus leyes naturales.

Hay muchos que creen que el sol se paró. La Biblia nos dice:

“Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero. Y no hubo día como aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel” (Josué 10:13,14).

Según la ciencia, ese hecho es totalmente imposible. Para una explicación puede ir aquí.

Los ministros y sacerdotes de muchas iglesias no solamente creen que el sol se paró, sino también que los muertos resucitarán, que los buenos serán raptados y llevados al cielo, que Jesucristo descenderá del cielo sentado en una nube, y así toda una serie de eventos que las gentes de hace mil años podían creerlas literalmente pero hoy día solamente pueden aceptarse si se les da una interpretación simbólica y no literal.

Lo triste es que un niño cree esas historias y cuando llega a la universidad despierta a la realidad y le cuestiona al ministro. Éste con un aire de poder repite la mal usada frase “Dios todo lo puede”, “¿es acaso que tú no crees en Dios? tienes que creerlo porque lo dice la Biblia”. Muchos por temor a Dios o a  quedar mal con la familia o amigos deciden acallar su mente y continuar asistiendo a la iglesia.

Durante muchos años enseñé química en la universidad y es triste ver como confunden esos ministros a esos jóvenes y los impulsan al ateísmo innecesariamente.

Sin negar el poder ni la creencia en Dios, en los escritos bahá’ís aparece que hay situaciones que pueden cambiarse y otras no porque si se cambiaran traerían mucho daño.

[…] los decretos del Soberano Ordenador, respecto al hado y la predestinación, son de dos clases. Ambas deben ser obedecidas y aceptadas. Una es irrevocable, la otra es, como la denotan los hombres, inminente. A la primera todos deben someterse sin reserva, puesto que está fijada y establecida. Sin embargo, Dios puede alterarla o revocarla. Como el daño que debe resultar de tal cambio será mayor que si el decreto hubiere permanecido inalterado, todos, por tanto, deben voluntariamente aceptar lo que Dios ha deseado y confiadamente atenerse a ello.

Sin embargo, el decreto que es inminente es tal que la oración y la súplica pueden conseguir desviarlo.

Acerca de César

Profesor retirado de Bioquímica de la Universidad de Puerto Rico. Me encanta la ciencia, lo racional, junto con la parte llamada espiritual del ser humano. Encuentro en la Fe Bahá'í la paz y el entendimiento para la solución de muchos problemas personales y sociales. Me preocupa la situación social en general y especialmente la de Cuba.
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