Una oración bahá’í.

Bahai Garden Israel Ridvan

Las bellas oraciones bahá’ís son dirigidas a Dios. Una obligación para el creyente es hacer una oración diaria; la  llamada  corta dice así:

Soy testigo, oh mi Dios, de que Tú me has creado para conocerte y adorarte. Soy testigo en este momento de mi impotencia y de Tu poder, de mi pobreza y de Tu riqueza.  No hay otro Dios sino Tú, Quien ayuda en el peligro, Quien subsiste por Sí mismo.

Bahá’u’lláh

Algunas observaciones personales; me gusta esa oración por lo siguiente:

Ser testigo. Implica el aceptar dentro de uno mismo que sí, que uno es consciente de lo que está viendo o experimentando. El ser testigo es una afirmación de lo que se percibe. Es dar un testimonio. Es una declaración ante Dios y ante uno mismo de aquello que es uno consciente en ese momento. Es una declaración madura, después de una reflexión.

Me has creado para conocerte y adorarte. Esa afirmación implica que el propósito de nuestras vidas es conocer y adorar a Dios. ¿Qué quiere decir eso? Hay dos grande poderes que Dios nos ha ofrecido: el poder de razonar y el poder de amar, de percibir lo bello sin necesariamente razonar. El poder de comprender y de maravillarnos ante la creación. En otras palabras, podría decirse, el poder de la ciencia y el poder de la religión.

Esos dos poderes son complementarios: el uno sin el otro se convertiría en una especie de monstruosidad. Lo puramente racional sin lo espiritual, sin una búsqueda de lo bello, de lo que es justo, nos lleva a una visión puramente materialista y calculadora de la vida.

Lo puramente religioso, espiritual, sin la razón nos llevaría a la imaginación sin resultados prácticos, a perdernos en un mundo de fantasías y elucubraciones falsas, al fanatismo.

Conocer y amar a Dios no es irse a un rincón a meditar y alejarse del mundo sino participar en él.Es un proceso de crecimiento individual y de ayudar al prójimo y a la sociedad.  El científico, el obrero, el escritor en el diario vivir manifiestan esas cualidades. El hombre primitivo y el hombre moderno se hacen las mismas preguntas: Por qué truena? Qué son los truenos? o ¿Cómo funciona el ADN? ¿Qué produce el cáncer?

El conocerse a sí mismo es en cierta medida el conocer a Dios. Nosotros no podemos conocernos totalmente de la misma manera que no podemos conocer a Dios completamente.

De mi impotencia y de Tu poder de Mi pobreza y de Tu riqueza: Esta frase es una afirmación de humildad ante Dios. El orgullo ante Dios, el creerse que uno sabe más que El, es el comienzo de la caída espiritual. Ese orgullo es característico de los déspotas, de los tiranos, de los que han sembrado mucho mal en el mundo. Esa dosis de humildad ante Dios, es necesaria para nuestro crecimiento espiritual y para la paz del mundo. ¿En qué consiste la pobreza y la riqueza?

No existe otro Dios más que Tú, el que ayuda en el peligro, el que subsiste por sí mismo: Ésta es un reconocimiento de la unicidad de Dios, del esa experiencia única , de ese lazo que nos une con el creador. Lazo que poco a poco , a través de la vida iremos fortaleciendo y entendiendo más y más.

Otras oraciones para decir y meditar:

Crea en mí un corazón puro, oh mi Dios, y renueva una conciencia tran­quila dentro de mí, oh mi Esperanza. Por medio del espíritu del poder confírmame en Tu Causa, oh mi Bienamado, y por la luz de Tu gloria revélame Tu sendero, oh Tú, el Objeto de mi deseo. Mediante la fuerza de Tu trascendente poder elévame hasta el cielo de Tu santidad, oh Fuente de mi ser, y por las brisas de Tu eternidad alégrame, oh tú que eres mi Dios. Haz que Tus eternas melodías me inspiren tranqui­lidad, oh mi Compañero, y que las rique­zas de Tu antiguo semblante me libren de todo excepto de Ti, oh mi Maestro, y que las nuevas de la revelación de Tu inco­rruptible Esencia me traigan alegría, oh Tú que eres el más manifiesto de lo mani­fiesto y el más oculto de lo oculto.

Bahá’u’lláh

¡Oh Dios! Refresca y alegra mi espí­ritu. Purifica mi corazón. Ilumina mis pode­res. Dejo todos mis asuntos en Tus ma­nos. Tú eres mi Guía y mi Re­fu­gio. Ya no estaré triste ni afligido; seré un ser feliz y alegre. ¡Oh Dios! Ya no estaré lleno de ansiedad, ni dejaré que las aflic­ciones me atormenten, ni persistiré en las cosas desagradables de la vida.

¡Oh Dios! Tú eres más amigo mío que yo lo soy de mí mismo. A Ti me consa­gro, oh Señor.

‘Abdu’l-Bahá

Acerca de César

Profesor retirado de Bioquímica de la Universidad de Puerto Rico. Me encanta la ciencia, lo racional, junto con la parte llamada espiritual del ser humano. Encuentro en la Fe Bahá'í la paz y el entendimiento para la solución de muchos problemas personales y sociales. Me preocupa la situación social en general y especialmente la de Cuba.
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