Por qué existimos

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Los materialistas, o ateos, son tan insistentes que lo que único vale es la razón que no quieren ver que los humanos somos más complejos de lo que ellos asumen. Tenemos una parte afectiva en la que rige el sentido de lo bello, la capacidad de asombro, una realidad que puede llamarse mística, que nos hace ver que somos parte de un todo, como si estuviéramos ligado a algo superior a nosotros. Esas experiencias vienen de pronto a veces al ver un paisaje hermoso, o la cara de un niño, o inclusive al analizar la belleza de un descubrimiento científico, la belleza de las matemáticas, la complejidad armoniosa del funcionamiento del ADN.

El por qué existimos está ligado al para qué existimos o el propósito de la vida. La respuesta más amplia y satisfactoria a estas preguntas está íntimamente ligada a la creencia de una vida después de la muerte.  La justicia, el amor,  la verdad, no se encuentran en nuestra corta vida terrenal.  Son los fundadores de las grandes religiones los que en toda cultura nos han indicado que esta vida es una preparación para la próxima. La fe bahá’i lo afirma también. Cada uno de nosotros debe encontrarse a sí mismo y encontrar el camino de servicio al prójimo.

La razón y el corazón no tienen que estar en lucha, uno se apoya en el otro. La ciencia analiza la composición química de una lágrima. La religión, por qué fue vertida.

La ciencia explica el cómo fuimos creados, la religión explica el por qué hemos sido creados. Una apela a la razón, la otra al corazón. Ambas nos ayudan a ser seres humanos completos.

Ese camino de encontrar a Dios es muy personal. Es encontrarnos a nosotros mismos.

Estamos aquí para conocer y amar a Dios. El científico en el laboratorio, el poeta que canta al amor, el agricultor que busca mejorar su siembra, todos en un espíritu de servicio, están encontrando el por qué existimos.

Habiendo creado el mundo y todo lo que en él vive y se mueve, Él, (Dios)  por intermedio de la acción directa de su irrestringida y soberana Voluntad, escogió conferirle al hombre la singular distinción y capacidad de conocerle y amarle; una capacidad que debe necesariamente ser considerada el impulso generador y el objetivo primordial que sostiene la creación entera…. Sobre la más íntima realidad de cada cosa creada, Él ha derramado la luz de uno de sus nombres y la ha hecho un recipiente de la gloria de uno de sus atributos. Sobre la realidad del hombre, sin embargo, Él ha concentrado el esplendor de todos sus nombres y atributos y ha hecho a ésta un espejo de su propio Ser. De todas las cosas creadas sólo el hombre ha sido escogido para recibir tan grande favor y tan perdurable generosidad.”

Baha’u’llah

Acerca de César

Profesor retirado de Bioquímica de la Universidad de Puerto Rico. Me encanta la ciencia, lo racional, junto con la parte llamada espiritual del ser humano. Encuentro en la Fe Bahá'í la paz y el entendimiento para la solución de muchos problemas personales y sociales. Me preocupa la situación social en general y especialmente la de Cuba.
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