Religión y gobierno

El papel de la religión, según expuesta en los escritos bahá’ís debe ser la de mejorar al individuo y no la de inmiscuirse en política partidista ni tratar de tumbar el gobierno.  Una vez transformados los individuos mejora la sociedad. Ese ha sido el papel de los movimeintos religiosos a tavés de la historia. Las religiones no deben formar partidos políticos. Los partidos políticos crean divisiones en la sociedad. ¿Cuántas familias no están divididas por las diferentes tendencias políticas? ¿Cuántas reuniones familiares no terminan en discusiones y peleas?

La solución política parece tan lógica, tan fácil, para resolver los problemas de un país que se ve como normal, como lógico que grupos religiosos formen partidos políticos y participen activamente en las elecciones de un país como acaba de ocurrir en Egipto.

Un 70% de los votos en la elección de los miembros para la Cámara Baja, la Asamblea del Pueblo, fueron a dos grupos islamistas principales, mientras que un 10 % fueron a los jóvenes que comenzaron la revolución y que ahora se encuentran defraudados por diferentes razones.

Nuestros mejores deseos son de que ese país de cultura antiquísima tome el camino del progreso y del entendimiento social entre los partidos grandes y los diferentes grupos minoritarios que allí se encuentran como los ateos, los cristianos coptos y los bahá’ís que han sido perseguidos por largo tiempo.

Una solución, aunque difícil para el pueblo egipcio, sería que los partidos musulmanes dejen a un lado los prejuicios religiosos y abracen a todos los egipcios como hermanos, sin importar creencias o maneras de pensar. Si la religión es motivo de peleas, es mejor no tener ninguna dicen los escritos bahá’ís.

Todo esto nos trae a la memoria, sobre todo a los que contamos con unos años en las costillas, en los primeros años de la revolución cubana. ¡Cuánta esperanza! ¡Cuánta efervescencia social! De más está hablar de las alegrías de esa época. Al comienzo era una revolución para la liberación del individuo

Salí de Cuba con una beca para estudiar en Puerto Rico, beca que obtuve en 1959, antes del rompimiento de relaciones con EEUU. Siempre pensé en regresar al país. No voy a entrar en detalles pero ese deseo me trajo dificultades inclusive en mi carrera profesional.

Cuando terminé mis estudios doctorales en Canadá regresé a Cuba en 1969 para ayudar al país. A los seis meses me botaron del trabajo que tenía en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas en el área de Resonancia Magnética Nuclear porque asistía a las reuniones bahá’ís en La Habana. En las universidades no me daban trabajo tampoco.  No era de fiar siendo religioso.

Pero no era porque era bahá’is. No. El gobierno sospechaba de cualquier persona que tuviera alguna creencia religiosa. Más tarde, cuando cambió esa política se supo que varios de los administradores del Centro de investigaciones eran religiosos. Sabemos que ya eso cambió en Cuba pero el sufrimiento fue terrible para los millares de personas que tuvieron que esconder su manera de pensar en aras de la revolución.

Bueno, a decir verdad, los santeros gozaban de ciertas libertades. Muchas de sus celebraciones se hacían en los teatros, porque eran actividades “culturales” en las que se promovía la cultura del país.

En mi juventud tuve un amigo muy cercano, Roberto Castellanos, que estaba muy envuelto en los procesos revolucionarios sobre todo en el pueblo de Trinidad. Roberto me criticaba constantemente porque los bahá’ís no participábamos en política partidista ni tratábamos de tumbar a Batista. Roberto no entendía que uno de los principios bahá’is (aunque dfícil de entender para muchos) es seguir las leyes y distinguirnos por la honestidad. ¡Cuántas críticas hirientes de mi mejor amigo! Pero me mantuve firme. Más tarde, Roberto, después de encontrarse con otros aspectos de la revolución, se volvió apático y se decepcionó mucho con lo que ocurría.

Me tomo la libertad de mencionar el nombre de mi amigo Roberto Castellanos como una manera de reconocer su gran valía como ser humano atento a las necesidades de otros, siempre dispuesto a conversar con cualquiera en la bella plaza del pueblo de Trinidad.

Roberto debe estar sonriéndose ahora mismo desde el otro lado del velo.

 

Acerca de César

Profesor retirado de Bioquímica de la Universidad de Puerto Rico. Me encanta la ciencia, lo racional, junto con la parte llamada espiritual del ser humano. Encuentro en la Fe Bahá'í la paz y el entendimiento para la solución de muchos problemas personales y sociales. Me preocupa la situación social en general y especialmente la de Cuba.
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2 respuestas a Religión y gobierno

  1. Pingback: La crueldad de los dogmas. | comentarios personales

    • César dijo:

      Me alegro que te haya gustado. Uno más que va a tener cuidado con las posturas dogmáticas. ¿No es estar medio loco el pensar que uno es el que está correcto y todos los demás están mal?

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